Hace tiempo que mantengo una relación vamos a llamarla de complicidad, amistad, trabajo y algunas cosas más con Nuria
Me llamo Mauro y soy jefe de sección de una empresa internacional y según dicen atractivo ya que mido 1,85 cm y tengo un físico bastante agradecido a mis 50 años de edad.Hace…
🔊 Escucha el relato con la voz de tu dispositivo. Se irá resaltando el texto.
¡Nuria perdona necesito comentar unas cosas urgentes para la reunión de esta tarde, puedes pasar a mi despacho! ¡Mauro voy en cinco minutos!Se acercó a mi despacho y tocó la puerta, me levanté para abrirle la puerta y la hice pasar, cerré la puerta con pestillo y las persianas bajadas… Nada más pasar a mi despacho la abordé por la espalda y la llevé hasta el borde de la mesa, le susurré al oído que estaba muy cachondo y que ya no aguantaba más que la deseaba y que me estaba excitando mucho de verla con aquella blusa blanca y aquellos pantalones ajustados que llevaba. Arrimé mi enorme paquete a su culazo y me restregué mientras con mis manos le desabrochaba su blusa por la espalda y le besaba con mi jugosa lengüa todo su esbelto cuello de cisne, Nuria se estaba poniendo cachonda pero me recriminaba que teníamos trabajo a lo que yo le contestaba que sería algo rápido y placentero…
¡Nena relájate, te deseo! ¡Mauro me estás poniendo muy caliente, déjame por favor!Seguí atacándola y conseguí desabrocharle los pantalones y bajarle las bragas para acariciar su vagina perfecta que ya por cierto estaba húmeda como una mañana de enero, Nuria se retorcía de gusto y me suplicó que la follará sin más….
¡Fóllame cariño que voy a mil! ¡Quiero que te corras para mi!La apoyé contra la mesa de mi escritorio y la abrí de piernas para meterle toda mi polla caliente y gorda necesitada de sexo y de descargar. Chillamos despacito para que nadie nos oyera pero se notaba placer en el ambiente, pasión, morbo… Morbo escondido… Golpeé su culazo con mis manos y a ella le ponía a mil y me pedía que lo hiciera más y más fuerte, por lo que aparte de azotarla también de vez en cuando sobaba sus enormes melones y sus pezones duros como escarpias. Después de bastantes minutos gozando de sexo escondido, nos vino las ganas de corrernos y lo hicimos al unísono sin más, fue algo maravilloso ya que nuestros cuerpos se fundieron en uno y nuestros efluvios se reencontraron de nuevo, después nos vestimos y actúamos como si no hubiera pasado nada.
Después de aquel encontronazo hicimos de aquello nuestro juego y de vez en cuando nos reuníamos en privado los dos para solucionar temas de empresa…